Cruzadas de la Luz

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 Paul (Arthur Angusto Angel)

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Lord_Morcillin



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Fecha de inscripción : 11/12/2011

MensajeTema: Paul (Arthur Angusto Angel)   Mar Dic 13, 2011 12:06 pm


Descripción física: Arthur es un hombre de una edad algo avanzada, de aproximadamente 6 pies de altura, a pesar de los años sigue siendo corpulento, pero le falta algo de agilidad.
En su rostro presenta además de algunas arrugas definidas, una cicatriz horizontal que va de pómulo a pómulo, pasando por su nariz.
Se pueden distinguir unos ojos negros que camuflan unas intensas ojeras, su piel es pálida como la nieve, junto con su cabello canoso.
Sobre sus ojos se muestran sus gruesas cejas y por los laterales de su cara, bajan dos frondosas patillas canosas, que acaban uniéndose bajo su nariz.

Descripción psicológica: Arthur es de naturaleza desconfiada, siempre analiza a todas las personas que lo rodean, buscando tanto como las virtudes, como los defectos.
No le interesan ni la fama, ni la riqueza, aunque aquello que pueda resultarle útil lo tomará sin dudarlo.
Es totalmente fiel a su dios, Bale y, en ocasiones, desprecia las demás deidades y sitúa a Bale por encima de ellas.
Su fuerte fe en su deidad le otorga la fuerza que ha estado usando durante tantos largos años en su vida.
Busca la sabiduría para lograr averiguar la forma en la que actuará cada persona ante todas las situaciones posibles para poder anticiparse a ellas.
Tampoco cesa su búsqueda de infieles, a los que persigue desde bien pequeño. Aunque a veces se le nota, siempre intenta esconder el profundo odio que alberga hacia los infieles del reino.
Odia el mal por encima de todo y siempre está en su caza, recita sus oraciones cada vez que purifica, como suele decir, "Las moradas del mal" para que no quede en ellas ni un ápice de maldad.


Nacido en el seno de una família pobre, Paul vivía en Daemonheim, junto a sus padres, Arturo y Angela, y su hermana pequeña de 3 años, Dely.
Vivía en una casa abandonada, cerca del cementerio. Sus padres no tenían empleo y, para comer, Paul y su padre cada mañana se dirigían al sector este de Daemonheim, cuando la campana tañía nueve veces,
era la señal en que el Padre Cornelius salía del templo de Fao con una carretilla repleta de pan, para alimentar a los niños del orfanato.

Paul y su padre esperaban en uno de los bancos que hay entre los puentes que atraviesan el río y conectan el orfanato y los edificios circundantes al resto de la ciudad, el Padre pasaba por allí todos los dias.
En cuanto pasaba por delante suyo, se acercaban por detrás y robaban un pan cada uno, tras ello, volvían a su hogar para poder alimentar a su família.

Adelantamos un par de meses en la historia, cuando otro día más, a la novena campanada padre e hijo esperaban sentados, esperando a que Padre Cornelius cruzara el puente con el pan.
La forma en la que le robaban era un tanto descarada y el Padre empezaba a sospechar. Se levantaron de su asiento y volvieron a coger el pan, con el alimento en sus manos se alejaron del Padre tanto como pudieron,
pero mientras se alejaban, un par de guardias se posaron en mitad del puente. Cornelius se acercó por su espalda y tomó el brazo del niño mientras dijo:

- ¡Vil ladrón, en el templo te enseñarán modales! -

Arturo, el padre de Dalor, temía por encima de todo la hoguera, y ante tal situación, reaccionó de la forma más miserable.

- ¡Quédate al niño, hará lo que quieras!- Dijo temblando.-

Tras ello se lanzó al rio y se alejó tanto como pudo de la zona. Padre Cornelius observó al niño de arriba a abajo, mientras le sostenía por el brazo con fuerza. Mientras observaba al crío con desprecio, le dijo:

- ¡Trabajarás para el templo noche y día para saldar tu deuda!-

Acto seguido agradeció a los guardias su colaboración y les encomendó llevar la carreta al orfanato, mientras se llevaba a Dalor hacia el templo.

El trabajo que le encomendaban en el templo era muy duro, se encargaba de bañar a todos los refugiados del templo y a los niños del orfanato a base de un barreño y un viejo trapo,
le ordenaban limpiar las letrinas del orfanato y del club de la lucha. Pese a todas las árduas tareas que le encomendaban, Paul seguía trabajando sin dudarlo y sin quejarse, siempre con una sonrisa.
El Cardenal que formaba parte del templo lo veía trabajar con tanta decisión que le asombraba, hasta que terminó admirando tanta convicción.
Cada día, al salir de su habitación el Cardenal observaba al pequeño niño limpiar los cristales del pasillo en el cual estaba la alcoba del propio Cardenal, éste saludaba a Paul,
y el chico respondía con sumo respeto, pero con una mirada desafiante. El Cardenal sentía un gran interés por el chico, y decidió enseñarle la religión en la que él mismo creía.

- ¿Paul era tu nombre, cierto?.. Bien, Paul, debes saber que el principio de toda vida es la creencia en nuestros dioses, sin fe, no se llega a ninguna parte.- Dijo el Cardenal, a lo que el chico respondió:
- Lamento contradecirle, señor, pero son mis manos las que limpian y son mis piernas las que me dejan caminar.-
- Claro, hijo... bien, veamos.. ¿Haces una dura labor, verdad? ¿Qué crees que te da la fuerza para despertarte cada día y ponerte a trabajar? Y no son ni tus manos ni tus piernas, es tu voluntad.

El chico se queda pensando durante unos segundos y responde:

- ¿Mi voluntad?.. - Preguntó, indeciso.
- Tienes una voluntad dura como el acero y te aseguro que sirve para mucho más que para limpiar. Puede usarse para ayudar a los demás guiándoles por la senda correcta.

Paul desvía su mirada hacia el suelo, pensativo. El Cardenal observa al chico y le dice:

- A partir de este momento, dejarás de limpiar para aprender la forma para transformar esa voluntad de hierro en fe.-

Dicho ésto, el Cardenal tomó el cubo y el trapo que sostenía el niño, los depositó en el suelo y rodeó los hombros del chico con un brazo, al hacerlo, empezó a caminar junto al pequeño para dar una vuelta por los alrededores de la ciudad.
Mientras paseaban el Cardenal se presentó, su nombre era Mendoza, era uno de los hombres más sabios y sensatos del templo, famoso en todo el templo, vivía en una casa al lado de este, aunque también tenia una alcoba dentro del templo mismo.

Pasaba el tiempo y Paul empezó a añorar a su família hasta que decidió comentárselo a Mendoza, el cual le ofreció una alcoba dentro de su propio hogar. Ante los sentimientos del chico, el Cardenal decidió actuar y le aseguró que pronto los volvería a ver.
El Cardenal se ofreció voluntario para ser el encargado de llevar cada día el pan al orfanato, y pidió a su ahijado Paul que le ayudara. Mendoza y Paul empezaron a repartir pan cada mañana en el orfanato,
donde nuestro protagonista se empezó a fijar en una chiquilla de allí, que tomaba el pan cada día con una enorme sonrisa de oreja a oreja y le propinaba un beso en la mejilla a Paul cada vez que lo veía.

Una semana después del día que empezaron a repartir pan, Mendoza le comentó a su ahijado que al día siguiente, irían juntos a visitar la casa de sus padres, el niño se alegró y espero con ansia hasta la mañana siguiente.
Al día siguiente, Mendoza y Paul fueron cogidos de la mano tal y como padre e hijo lo harían, hasta llegar a su antiguo hogar. El chico picó a la puerta un par de veces, abrió y, mientras la puerta se desplazaba poco a poco, soltaba un leve chirrido.
Cuando la cochambrosa puerta quedó abierta, el chico, cogido de la mano del cardenal, entró despacio a la casa, haciendo crujir el viejo suelo de madera. Tras echar un vistazo a todas las habitaciones, encontró a sus padres contándole un cuento a su hermanita,
que al parecer había tenido una pesadilla. Sentados a ambos lados de la cama, su madre le contaba el cuento mientras su padre le arropaba. El Cardenal, observó la escena y prestó atención a la expresión que puso Paul al encontrar de nuevo a sus padres.

Tras unos instantes, el padre de Paul, observó de nuevo a su hijo tras meses de agonía y se dirigió a él para abrazarlo.

- ¡Hijo mio, has vuelto!- Dijo su padre, emocionado, mientras corría para reencontrarse con él de nuevo, pero el Cardenal Mendoza le interrumpió:
- Soy el Cardenal Mendoza, alto cargo del templo de Fao. Imagino que es usted el padre de Paul, ¿no es cierto?- Dijo el Cardenal, poniendo la mano delante de Arturo, el padre del niño. Sin esperar respuesta, el Cardenal añadió:
- Me temo que al chico le ha impactado mucho ver de nuevo a su família, dejemos que nos aclare algo.. Paul, ¿esta es la familia a la que tanto quieres?¿Deseas volver con ellos? - Preguntó el Cardenal.

Tras unos instantes de silencio, el chico apretó la mano de Mendoza y dijo:

- E...están sucios y la casa huele mal... yo no los recordaba así.. pero.. - Dijo el niño, algo temeroso de decir su opinión.
- ¿Pero..? ¿Deseas seguir con la vida que justo te acabo de mostrar o.. deseas volver con la família que te abandonó? - Dijo el Cardenal.
- ¡Nosotros no..! - Dijo el padre del chico, pero Mendoza le interrumpió levantando levemente una mano y diciendo:
- Dejemos que el chico elija la vida que más le convenga. - Dijo el Cardenal, mirando friamente a Arturo.
- Yo... yo... quiero... quiero volver al templo, estas personas me dan miedo. - Dijo el chiquillo, abrazando el brazo de Mendoza, a lo que éste respondió:
- Así sea pues... y.. señor supuesto padre de Paul.. le recomiendo que no haga ninguna estupidez. - Dijo Mendoza con una mirada desafiante hacia el padre de Paul.

Tras la leve conversación, Mendoza y su ahijado abandonaron la casa, mientras Arturo contuvo toda la rabia que le había originado la visita del Cardenal y asumió la pérdida de su hijo.
El chico estuvo triste durante una semana, pero después de ello, los acabó olvidando, centrándose en el entrenamiento que le ofrecía el cardenal.
En su entrenamiento aprendió más que hacer el bien, a despreciar y castigar al mal mas también le fue enseñado el castigar brutalmente a los herejes.


Pasados cuatro años, el duro entrenamiento de Paul había avanzado mucho, había aprendido mucho sobre la vida, sobre las deudas y el deber, el bien y el mal, la victoria y la derrota, la humildad y piedad, así como muchos otros valores importantes.
Aunque el tiempo pasaba, seguía en contacto con la chica que conoció en el orfanato, cosa que al Cardenal no acababa de gustarle.

Unos meses después empezó el entrenamiento físico, tema que motivaba a Paul, mientras el Cardenal planeaba el siguiente movimiento.


Unos dias después el Cardenal le explicó que iba a tener que pasar la primera prueba para que algun día, llegue a ser un hombre sabio.
Caminó junto al chico hacia el distrito urbano, donde el pregonero había anunciado la muerte de cuatro herejes, los cuales recibirían un castigo distinto cada uno. El Cardenal explicó la situación en que se encontraba,
y decidió hacerle una prueba, tenía que matar a los cuatro herejes. Con apenas once años, el niño se armó de valor y siguió caminando junto al Cardenal.

Llegaron al distrito urbano y divisaron una gran multitud que rodeaba a los cuatro herejes, los cuales tenian un saco en la cabeza e iban maniatados, tres estaban atados a una pila de madera y uno de ellos frente a una gillotina.
El Cardenal se había reunido con todos los herejes en privado, uno por uno, les fue incurcando la idea de que quien mandó capturarlos fue Paul, su aprendiz.

Cuando el momento de la ejecución llegó, Mendoza asintió con la cabeza a unos guardias y éstos se acercaron hacia los herejes y les quitaron los sacos que ocultaban sus rostros a cada uno de ellos.

- Hijo mio, sé que harás lo correcto, porque eres mi mejor discípulo y tengo una fe absoluta en ti, no me decepciones. - Dijo el Cardenal al darle unas palmaditas en la espalda, mientas observaba los rostros que se iban mostrando de los herejes.

Paul alzó la mirada y observo boquiabierto la cara de los herejes que estaban sobre las pilas de madera, mientras Mendoza le ofrecía la antorcha para prenderlos. El chico, preguntó a su família lo que habían hecho, alterado, mientras que éstos lloraban sin decir nada, les habían cortado la lengua.
El Cardenal le empujó levemente hacia las pilas, para que las encendiera y, el niño, perdió su mirada en aquel profundo cielo azul durante unos segundos y después, se dirigió a las pilas, mientras las encendía una por una.
Primero su padre, después a su madre, y finalmente a su hermana, que acababa de cumplir siete años. Tras prenderlas todas, el chico se tapó las orejas y desvió su mirada hacia otro lado, pero justo hacia donde miró estaba la chica de la guillotina, era la amiga que tenía en el orfanato.
Mientras seguía con las orejas tapadas, su mirada se cruzo con la de la chiquilla y la hoja de la guillotina se deslizó, pudo contemplar la última expresión de la chica, antes de que su cabeza se separara de su cuerpo.
El chico se horrorizó, y Mendoza se lo llevó hacia su casa, mientras los gritos de agonía despedían al pobre chiquillo.

Paul estuvo encerrado en su habitación dos semanas, sin hablar, y los primeros dias sin comer ni beber... Hasta que lo superó y admitió que era el culpable de la muerte de sus padres y su mejor amiga.

El Cardenal conocía bien a Paul y se temía lo peor, mas la reacción del chico hacia él fue sumamente hostil. Mendoza ya se olía que el chico no aguantaría sin lograr desfogarse y se anticipó a su reacción.
Mendoza escribió una carta mientras comía una manzana roja y, cuando la acabó, la selló con su firma en cera, se dirigió a la alcoba del chico y se la puso sobre la almohada.
Paul había salido a hacer unos recados, cuando volvió se encontró la carta y al Cardenal acomodado en una de sus mejores sillas, la manzana que sostenía su mano estaba en el suelo mordida, y el chico tomó la carte y a continuación, abandonó el templo.
Mientras se alejaba, deshizo el sello de cera y empezó a leer en voz alta el mensaje que le había dejado su querido Cardenal:

-"Hijo mio, no quiero que pienses que castigar a esos herejes ha sido para torturarte, al contrario,
lo he hecho para que te vuelvas más fuerte. Confío en ti, hijo mio, y sé que tu enorme fe
perdurará por todos los tiempos, pero no olvides que estás hecho para castigar al mal, mas
eres el mejor para tan árdua tarea.

Por cierto, deliciosas manzanas que me has traído esta mañana, aunque el veneno les cambia algo
el sabor. Te conozco bien, Paul, y aunque sabía de antemano que las manzanas iban a estar
envenenadas, nunca rechazaría un regalo tuyo.
Al ejecutar a tusseres más queridos, te has vuelto un hombre fuerte, pero, aunque ya no estén
con nosotros, no debes olvidarlos nunca y ahora, yo te bautizo para honrar a tus padres con
el nombre: Arthur Angusto Angel, el justiciero que alejará las sombras de la luz."-

Tras leer la carta, la vuelve a doblar y con una capucha oculta su rostro, mientras sonríe al alejarse de la ciudad.


//Un poquillo larga, pa cuando os aburrais los dms study =D
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MensajeTema: Re: Paul (Arthur Angusto Angel)   Vie Dic 16, 2011 11:03 am

Genial, y genial! Me a encantado... Siempre me gustaron las historias así Smile
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Lord_Morcillin



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MensajeTema: Re: Paul (Arthur Angusto Angel)   Vie Dic 16, 2011 4:44 pm

Vaya, pues muchas gracias hombre!! La verdad es que me he tirado mis horillas ahí pensando =P monkey
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MensajeTema: Re: Paul (Arthur Angusto Angel)   Hoy a las 6:46 am

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